Travesía por el Fin del Mundo (2017)

Comparto un poco del recorrido de trekking que hice en la isla de Tierra del Fuego, en Diciembre de 2017. Tomé el itinerario de la guía Senderos de Argentina (2015-2016), donde figura con el nombre: “Huella Andina del Fin de Mundo”. Se trata de un sendero aún en desarrollo pero realizable, siempre y cuando se prevea una serie de dificultades.

Introducción

Llegó el verano y como siempre, ya tenía la mochila esperando en el placard, lista para acompañarme a la montaña. Esta vez mi destino fue la provincia de Tierra del Fuego, donde tengo familia y paso cada año posible las fiestas. El itinerario lo conocí a través de la guía de Senderos de Argentina 2015-2016, que obtuve en la oficina de turismo de Esquel, una vez que completé la Huella Andina. Desde que tuve la guía en mis manos quedé fascinado con la idea: un sendero de largo recorrido, similar a la Huella tradicional, pero situada en la tierra donde me crié, donde me “curtí” acampando desde chico…

El sendero parte del área de precordillera, en Estancia el Carmen, cruza la cordillera en el Paso Beban y desemboca en el Canal de Beagle, cerca de Ushuaia. En total el recorrido tiene una extensión estipulada de 87,5 km, que en la práctica suma un poco más.

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La Huella del Fin del Mundo pasa por todos los ambientes de la isla, partiendo del bosque precordillerano para cruzar la cordillera y desembocar en el Canal de Beagle

Los lugares no me eran del todo desconocidos, así que sabía con qué dificultades me podía encontrar: grandes mallines de turba, temperaturas promedio de menos de 10°, vientos de más de 50 k/h, llovizna diaria, y esporádicamente granizo o nieve.

Advertencia y previsiones

Voy a comenzar aclarando una cuestión importante: la información de la guía corresponde a un “sendero aún en desarrollo”. ¿Qué significa esto? Que no hay marcas de Huella Andina en Tierra del Fuego, los senderos mencionados no están todos marcados y algunos de los refugios mencionados están ausentes o en pésimo estado. Tampoco hay servicios en casi todo el recorrido. Esto la convierte en una travesía atractiva para el aventurero que busca lugares poco concurridos, pero no es apropiada para alguien que está habituado a los senderos bien mantenidos de Bariloche o el Bolsón. Pese a esto, se puede hacer si se tienen los recaudos debidos.

Existe un problema que hay que resolver de antemano. En la mitad del recorrido hay una conexión lacustre de más de 40 km., que parte de la desembocadura del Río Claro y conduce a Bahía Torito. La principal dificultad en esta conexión es que no hay servicio de lancha en la desembocadura del Río Claro. El servicio de lancha parte de lo del “Vasco” Echeverría, en Bahía Tortio, quien tiene allí un hostel sin comunicación vehicular. Si bien es posible pedir la lancha por radio, es más sencillo realizar el recorrido en sentido inverso (sur-norte). La siguiente dificultad es que el Lago Fagnano presenta mucho oleaje, debido al fuerte viento que entra por el Seno del Almirantazgo. El verano es la época más ventosa. Por este motivo, es muy difícil encontrar un momento de calma como para realizar el cruce. La tercera dificultad es relativa a cuánto pensamos gastar, ya que el cruce tiene un costo de $1200 (año 2017).

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Cruce lacustre difícil de realizar sobre el Lago Fagnano

Considerando estas variables, preví modificar el recorrido, en caso de que el viento me impidiera realizar el cruce, como efectivamente ocurrió. Además, decidí realizar la Huella en dirección sur-norte.

Preparación

Llevé un equipo mínimo en la mochila, sacrificando todo lujo para caminar más cómodo. Es el mismo equipo que usé en la Patagonia Norte con mínimas modificaciones: agregué una camiseta térmica de merino debajo de la camisa y llevé un pantalón impermeable muy delgado en la mochila, que me sirvió también de rompeviento. Aclaro que la vestimenta es muy relativa a la temperatura corporal y la costumbre de cada uno.

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Equipo versátil para toda la Patagonia, con lo mínimo indispensable

En el siguiente artículo describo el equipo con mayor detalle:

https://homotheoreticus.wordpress.com/2017/12/10/equipo-ultra-liviano-para-la-patagonia-norte-26-kg/

Una herramienta indispensable para este tipo de travesías sin señalización es un GPS. En mi caso llevé mi celular con la aplicación “GAIA GPS”, que utiliza tracks en formato .gpx o .kml y permite descargar los mapas para uso off line.

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Screen shot de la aplicación Gaia GPS, disponible tanto para iOS como para Android

Llevé también una batería externa de 10000 mha, que permite una mayor autonomía (3 cargas y media). Para proteger el celular de la lluvia y el granizo, lo coloqué en una bolsita ziploc donde funcionaba al tacto de los dedos sin problema. Un consejo importante: tener el celular siempre que sea posible pegado al cuerpo (en el bolsillo de la camisa o del pantalón), ya que las bajas temperaturas agotan la batería a un ritmo vertiginoso.

Día I: Playa Larga (ida y vuelta)

19 de Diciembre de 2017

Decidí realizar la Huella del Fin del Mundo en sentido sur-norte, para facilitar la conexión lacustre. Antes de salir me comuniqué por teléfono con el “Vasco” Echeverría, quien me estaría esperando el día 21/1 en Bahía Torito. Por tal motivo, comencé a caminar desde la etapa 8, partiendo de la ciudad de Ushuaia. Antes de salir di aviso en Defensa Civil, donde me atendieron con mucho interés.

Según el mapa de la guía oficial la etapa conducía a un refugio junto a la Laguna Submarino, pero cabe aclarar que dicho refugio es inexistente.

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La primera parte del recorrido, es sencilla y vale realmente la pena: pasando por Playa Larga, va bordeando la costa del Canal de Beagle con paisajes fantásticos; llega a Estancia Túnel y luego empieza a ascender por una huella de “cuatri”, en medio del bosque de lengas.

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Recorriendo las costas del beagle por un sendero fácil y bien marcado

Pero la huella de cuatri no conduce a ningún sendero, sino que pega la vuelta y regresa a Ushuaia. Por tal motivo, un poco desorientado, seguí como pude guiándome por un track que había bajado de Wikiloc (el que se ve arriba), pero este track se perdía dentro del bosque.

Era el primer día de caminata y me la pasé buscando todo el día un sendero sin éxito. Recorrí varias huellas que no conducían a ningún lado. Tampoco había picadas de animales. Al final me animé a caminar campo travieza, lo cual no es imposible dada la escacez de sotobosque en la ladera sur de las montañas. A eso de las 18 hs, me di cuenta que había perdido mucho tiempo con poco progreso y decidí regresar a Ushuaia para repensar el itinerario.

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Antigua huella que muere en el bosque de lengas

Caminé aproximadamente 30 kilómetros aquel día, entre yendo y viniendo por distintos caminos. Luego dos personas de Ushuaia me confirmaron que habían hecho el recorrido por el valle hasta la laguna, pero que no había ningún sendero, cosa no tan extraña para el trekking inhóspito de Tierra del Fuego. La experiencia me sirvió para preveer las características de lo que vendría a continuación. Y de paso recorrí las bellísimas costas del Canal de Beagle.

De los campings de Ushuaia, ninguno estaba en funcionamiento. Por tal motivo, pasé la noche en un hostel, lo cual no estaba en mis planes. Mientras tanto, meditaba sobre mis acciones del día siguiente.

Día II: Laguna Submarino

20 de Diciembre de 2017

A la mañana estaba lloviendo. El pronóstico era lluvia toda la semana y con suerte un día nublado. Como contaba con pocos días, decidí aprovechar el tiempo y subir a la Laguna Submarino desde el Valle de Tierra Mayor, tal como me habían aconsejado en Defensa Civil.

Salí a la ruta mojado. Conseguí que me levanten a dedo hasta el Valle de Tierra Mayor. Hay una huella de cuatri que seguir al principio. Al rato de vadear un río hay que estar atentos, porque se bifurca el sendero a la laguna.

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Sendero a Laguna Submarino

El sendero va en ascenso constante entre bosque de lengas, siguiendo desde arriba el cauce de un río encajonado. Pasa por varias castoreras, con su característico paisaje de bosque inundado, prolijos diques y embalses de agua. En medio de la caminata se despejó el cielo y subió considerablemente la temperatura.

Luego de unas horas se llega a la cascada submarino, mucho más grande y ruidosa de lo que esperaba. El agua saltaba por el aire hacia la distancia… así que para evitar mojarme me aleje rápido.

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Cascada Submarino

Al costado de la cascada sigue el sendero, que sube abruptamente. Hay que usar un poco las manos y tener cuidado con el barro. De a poco el clima volvió a empeorar y con la altura se sintió de nuevo el frió.

De pronto lo inesperado: una nevada en pleno verano empieza a caer con fuerza. Pasé del pantalón corto al pantalón impermeable y campera, con cuellito hasta la nariz y capucha… la sensación térmica empeoraba con la humedad y el viento.

Cuando crucé el bosque de lenga achaparrada empezaron a aparecer manchones de nieve y el sendero desaparecía entre las piedras. Mi objetivo del día pasó a ser llegar a la Laguna Submarino y regresar con vida.

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Nevada de verano en la montaña

La nieve se acumulaba en mi mochila, en mis hombros, mis bolsillos y se me dificultaba ver el GPS del celular. Estuve bastante desorientado, dando varias vueltas hasta que encontré la laguna. En realidad no estaba seguro de que fuera lo que buscada, así que tome una foto rápida como pude y una vez en casa lo corroboré tranquilo.

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Foto apurada de la Laguna Submarino

Rápidamente pegué la vuelta y comencé a descender. Me costó seguir mis pasos, ya que la nieve me impedía ver a la distancia. Finalmente retomé el sendero. Los cauces de agua se habían rebalsado y los arroyos habían desviado su curso copando el sendero. Donde no había agua había un barrial.

Otra sorpresa inesperada: cuando llegué a la ruta el clima dio un giro de 360 grados, el cielo se despejó y salió el sol. Pero allí estaba yo, completamente embarrado, como prueba viviente de aquel clima furioso con que me había recibido la montaña.

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Cielo despejado sobre el Valle de Tierra Mayor

Decidí pasar la noche en el refugio Bonette, sin servicios, donde comienza la senda al paso Beban. Sabía llegar poque años atrás había estado allí con un amigo. Tras dos horas de caminata entre mallines y bosque de lenga, llegué al refugio que me esperaba con su hermosa salamandra.

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Refugio Bonete

En Tierra del Fuego hay que acostumbrarse a dormir con la luz del día: en verano anochece a las 23:30 hs y el cielo nunca oscurece del todo. Terminaba así una larga jornada de 9 horas de caminata, con las cuatro estaciones en un mismo día.

Día III: El Paso Beban a Bahía Torito

21 de Diciembre de 2017

El paso Beban era para mi un asunto pendiente de años. Pocas personas se atreven a realizarlo… a veces pasa meses sin presencia humana alguna. Del otro lado se llega al Lago Fagnano en una zona inaccesible por ruta, la Bahía Torito, donde reside un antiguo poblador: el famoso “Vasco” Echeverría, con su hijo y su señora.

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Tras desayunar un rico café con galletitas, salí del refugio Bonette. Perdí bastante tiempo al principio buscando un sendero, hasta que desistí: no hay sendero en el paso Beban. Lo mejor que uno puede encontrar son pisadas frescas, aunque tampoco estas garantizan fiabilidad, a lo sumo algunas pircas o estacas esporádicas. La clave es seguir el valle e identificar el paso correcto al momento de cruzar. Otra cosa importante: hay que perderle el asco a la turba y embarrarse lo necesario.

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Valle de turba y castoreras, camino al paso Beban

En el GPS tenía cargadas dos pistas, cada una de las cuales seguía recorridos diferentes. Tuve que elegir y a veces no seguí ninguna de las dos. Luego de pasar por un valle de mallín y castoreras, se sube a un valle superior de mayor altura con bastante lenga achaparrada. Desde lo alto me fascinó ver las piedras glaciales desparramadas por el valle, en un paisaje de color fantasmagórico.

Finalmente pude ver el paso: muy empinado y con algunos manchones de nieve. Cada track de GPS lo cruzaba por un lugar distinto, así que me mandé un poco por instinto.

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¿Por dónde se cruza el Paso Beban?: “elige tu propia aventura”

Subí por donde no había nieve y una vez arriba, el viento helado empezó a golpearme con toda su fuerza. De pronto, empezó a caer el granizo y costaba sostenerse en pie. Miré hacia abajo y tenía delante mío un valle nuevo, totalmente árido y pedregoso: era el llamado “falso Beban”, que conducía por la izquierda a una laguna turquesa.

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Falso Beban

A mi derecha, otro paso. Allí comprendí que había dos pasos: el “Este” y el “Oeste”. El portezuelo obligaba a pasar por la nieve, así que me armé de coraje y con los bastones firmes, subí a paso lento. A los pocos minutos logré mi objetivo de años: cruzar el paso Beban.

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Paso Beban Este con nieve

La segunda mitad del recorrido constitió en descender por un largo valle entre montañas hasta la Bahía Torito. Comencé siguiendo un arroyo por la margen derecha, que se iba ensanchando a medida que se alimentaba de otros cauces. El agua transparente y helada, corría ruidosa entre las piedras y caía retumbando en forma de sucesivas cascadas. Cada tanto las vertientes se calmaban en pequeñas lagunas, formadas por los diques de los castores.

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Castoreras camino a Bahía Torito

Al principio seguí unas huellas que pensé que eran de caballo, pero lo más provable es que fueran de guanaco. Caminé campo traviesa varias horas, atento al suelo y a los riscos. En un momento el valle dobla y se puede vislumbrar el lago Fagnano a lo lejos, un pasiaje que hasta entonces solo había imaginado en mapas.

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Bosque quemado camino a Bahía Torito

En adelante, predomina un paisaje triste de bosque quemado, resultado de un incendio enorme del año 2012. Cerca de la Laguna de las Yeguas pude encontrar un camino poco claro, tapado por la ceniza y la vegetación.

Ya superado el bosque quemado, reaparece el verde de las lengas y los cohiues.  La huella se va haciendo más visible, pasa por un puente, sigue bordeando un río cristalino y me conduce hasta la Bahía Torito.

Eran las 20 hs y la bandera argentina flameaba dándome la bienvenida. Había caminado todo el día, 10 horas sin parar. El “Vasco” Echeverría, dueño de casa, me recibió amablemente y me hizo pasar a su casa.

“Tardaste mucho, ¿qué te pasó?”, me preguntó, tirándome el ego y haciéndome sentir un novato, “pensábamos que te habías perdido”. Como me había imaginado, el viento soplaba muy fuerte y un cruce lacustre era imposible. Pasé la noche en el hostel con la esperanza de que por la mañana calmara el viento.

Día IV: Recorrido por los alrededores

22 de Diciembre de 2017

A la mañana el viento todavía soplaba fuerte. Decidí seguir esperando, con la esperanza de poder salir en lancha al otro día. Mientras tanto, me dediqué a descansar y recorrer caminando la zona.

Había un pescador parando en la Bahía. Se llamaba Pablo y era de La Plata, igual que yo. Daniel, el hijo del Vasco, nos propuso salir a caminar los tres.

Daniel se había críado en Bahía Torito. Era un guía experto. Caminaba a una velocidad que era difícil seguirlo en medio de los arbustos. Sin sendero nos condujo primero a la Bahía de los Renos, un lugar bellísimo y remoto sobre el Lago Fagnano, donde hace varias décadas, cuenta la leyenda, se había construído una cabaña y se había traído renos vivos. Pero los renos murieron en el duro invierno y la cabaña fue víctima de un incendio.

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Foto con Pablo y Daniel, en Bahía de los Renos

A continuación nos adentramos de nuevo por el bosque de montaña, pasando por un enorme turbal quemado. Noté la enorme diferencia entre la ladera norte de la cordillera y la ladera sur. Mientras que la primera tiene bosque tupido, con mucho arbusto que la hace impenetrable, la margen sur, casi no tiene sotobosque. Esto se debe a que la cordillera en Tierra del Fuego va de Oeste a Este, a diferencia del resto de la Patagonia; y el sol pasa con una circunferencia muy inclinada al norte en esas latitudes, de manera que en invierno apenas sobresale por la margen sur de la montaña.

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Turbal quemado

A continuación, fuimos hasta una laguna elevada, lugar en que iniciaba el Paso Valdivieso. Regresamos por otro camino, pasando por una cascada.

Ya en la casa del Vasco, nos pasamos la tarde mirando fotos, mientras nos contaba la historia de aquel lugar: desde que llegaron los Echeverría en los ’80, con una lancha y una carpa, hasta el incendio reciente, del que se salvaron de milagro.

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Foto con Echeverría padre e hijo

La Bahía Torito cuenta con una hostería para recibir grupos de turistas, escuelas y reforestadores voluntarios. Tiene invernaderos para producir su propio alimento y se autoabastece con energía hidroeléctrica, aprovechando los ríos que caen de la montaña. Tienen incluso paneles solares. Desde el incendio que no cuenta con camping, pero tiene un servicio de hostel, que hay que reservar por teléfono previamente. Recomiendo la amable atención de esta familia.

Día V: Regreso por Paso Valdivieso

23 de Diciembre de 2017

Me desperté a las 5 de la mañana y miré ansioso por la ventana. El viento todavía soplaba fuerte e iba en aumento. Lamentablemente no podría realizar el cruce.

Por suerte tenía un plan “B”: regresar a la ruta por el Paso Valdivieso. Todavía estaba cansado por la hazaña del Beban, pero me tentaba la oportunidad al tener aquel otro paso montañoso al alcanze de la mano. Llamé a mi familia desde el radio teléfono y le pedí a mi viejo si me podía pasar a buscar por la ruta a la tarde.

Sabía que el paso Valdivieso, también conocido como “Paso de las Siete Lagunas”, era más largo y difícil que el Beban. Si el Beban era poco recorrido, este estaba absolutamente desolado. Como no tenía track de GPS, saqué una foto de un mapa que tenía el Vasco. Daniel me dio unas cuantas indicaciones para no perder el rumbo, ya que el paso no tenía sendero.

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Terminé de desayunar y a las 7 de la mañana, mochila cargada y bastones en mano, salí a caminar. Pasé por la primera laguna escalonada y desde allí me detuve a buscar por dónde continuar.

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Primera laguna: comienzo del paso Valdivieso

El paso consta de una serie de lagunas escalonadas, unidas por un río y sucesivas cascadas, que desembocan en la Bahía de los Renos. Uno debe ascender de manera constante, a veces descender para volver a subir, hasta llegar al paso propiamente dicho, que divide las aguas que desembocan en el Atlántico y el Pacífico. Del lado sur del paso, un río desciende hacia el Valle Carabajal, donde el río Olivia conduce a la ruta.

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Subiendo por el Paso Valdivieso

En un recorrido sin sendero uno debe estar súmamente atento a los accidentes geográficos e saber identificarlos en el mapa. Debe evaluar la posibilidad de tener que regresar y cambiar su plan de ruta de ser necesario. La primera parte fue la más difícil, ya que decidí alejarme del río para evitar la humedad; como consecuencia tuve que pasar por un difícil bosque quemado y luego mucha lenga achaparrada. A las dos horas cambié de ruta y opté por seguir el agua de cerca, con la esperanza de que el terreno fuera más fácil. Efectivamente: había mucha turba, pero por lo menos el bosque no era tan espeso.

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Lagunas del Paso Valdivieso

 

 

Por momentos creía ver una sendero: “¡es un sendero imaginario!”, pensaba para mis adentros. Pero se trataba de una huella de guanaco, lo cual pude comprobar por su excremento característico. La cuestión es que el guanaco sabía elegir muy bien el camino, y pasando entre piedras, cerca de las cascadas, me guió de laguna en laguna hasta que se desapareció en el bosque.

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Marca que dejó mi ángel del camino: el guanaco

El paso era de una notable dificultad: subidas y bajadas constantes, por terreno a veces muy humedo, otras veces muy empinado, entre bosque tupido, piedras grandes y pedreros. Había muchas lagunas: las más grandes eran cinco, luego muchas pequeñas, tal vez originadas por deshielo.

 

En determinado momento es muy fácil desorientarse, ya que el desnivel engaña y conduce a un paso equivocado. Hay que estar muy atento y mantenerse siempre cerca de las lagunas. De esto me había advertido Daniel Echeverría.

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Última laguna del Paso Valdivieso

Ya del otro lado del paso, descendí hasta la lenga achaparrada y pude seguir unas huellas bien marcadas sobre la turba. Almorcé un poco de fiambre y descendí rápido hasta el valle. El descenso fue muy sencillo, ya que pasa casi enteramente por mallín.

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Pareja de castores en el Paso Valdivieso

 

Una vez en el valle, a las 15:30 hs., comencé a seguir el Río Olivia por la margen izquierda, en dirección este. Cada tanto me topaba con una castorera difícil de cruzar. A veces, cansado de esquivar troncos simplemente caminaba por el río o me cruzaba a la otra orilla. Todo el paisaje aquí era hermoso, pero el recorrido final fue mucho más largo de lo que esperaba.

Durante horas tuve que pasar por turbales enormes. Otras veces internarme en el bosque, donde encontré un par de refugios precarios hechos con troncos. En las últimas horas apareció un sendero que pasaba por la turba y estaba señalizado con palos. Las últimas dos horas, el sendero se internaba en el bosque y se volvía poco visible, señalizado cada tanto con cintas. Fue cuestión de minutos conectar primero con la senda al Bonete y luego con la ruta, donde me estaban esperando.

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Kilómetros de turba en el Valle Carabajal

La caminata de un tirón me llevó poco más de 12 hs. Como de costumbre, el clima fue variado: tuve momentos de sol, de llovizna e incluso de granizo; me di el lujo de andar en pantalón corto y camisa; y terminé con todo el abrigo puesto encima.

Fue realmente un recorrido fantástico, tal vez la mejor experiencia que tuve en Tierra del Fuego. Pero si tuviera que hacerla de nuevo, le dedicaría al menos dos días.

Día VI: Caminata por Reserva Corazón de la Isla

30 de Diciembre de 2017

Luego de pasar Navidad en familia y visitar unos amigos, volví para recorrer la Huella del Fin del Mundo donde la había dejado. Me quedaba por recorrer la parte entre Estancia del Carmen y la desembocadura del Río Claro.

 

Comencé el recorrido con mi viejo, amante de la pesca, así que fuimos juntos a pescar a la Reserva Corazón de la Isla. Desde el Lago Yehuin, caminamos por un sendero bien marcado hasta el Lago Yakush y desde allí salimos a explorar en dirección al río Indio. Era un paisaje bien precordillerano, seco, con bosque de ñires y lengas, en una zona muy alejada y poco concurrida.

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Parte señalizada de la Reserva Provincial “Corazón de la Isla”

 

Me quedé solo a la noche y armé la carpa. Arriesgué a un objetivo muy difícil para el día siguiente: terminar en Estancia el Carmen, donde mi viejo me pasaría a buscar en auto.

Día VII: De Yakush al Fagnano y del Fagnano a Estancia El Carmen

31 de Diciembre de 2017

Salí temprano caminando para el Lago Fagnano, etapa n°3 de la Huella del Fin del Mundo. Por suerte, el sendero era una huella de cuatri bien marcada. El bosque ñires daba lugar al bosque de lengas. Luego de pasar por un gran mallín de turba, llegué al refugio del Club de Pesca con Mosca.

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Lago Yakush

A su costado, el ancho y profundo río claro, apacible… un lugar de ensueño para pescar. Pero yo estaba apurado por querer completar mi itinerario en el día. Seguí la huella hasta que esta se perdía en la turba, ya cerca del inmenso Lago Fagnano.

La desembocadura del Claro era un lugar fantástico, totalmente agreste, sin camino, alejado de cualquier acceso vehicular. Un zorro se me acercó con confianza, pidiéndome el fiambre que llevaba en la mochila…

Una vez en la desembocadura,emprendí el regreso al Yakush, para realizar desde allí las etapas 2 y 1 en ese orden, hasta Estancia el Carmen. Un señor que paseaba por allí me dijo: “ojo que ahí donde vas no hay nada, es todo bosque”, y tenía razón. Lo que al principio parecía un sendero eran huella de guanaco… muy tracionera.

Tuve que vadear el río Indio y caminar en ascenso entre el bosque de lengas. A la hora aproximadamente llegué a una laguna sin nombre, con un refugio precario en la margen norte, llamado en la guía: “Rancho de Lata”.

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Refugio “Rancho de Lata”

La siguiente parte me costó, porque es difícil orientarse entre las castoreras, las lomas bajas y el bosque de lenga. ¡Me di un gran susto cuando comprobé que había caminado en círculo una hora, pese a ir con el GPS en mano! Las huellas de guanaco, anchas y bien marcadas, no ayudaban a encontrar el rumbo correcto.

Aquí es imprescindible tener conocimientos de orientación: saber buscar el rumbo, establecer un punto de referencia y caminar en esa dirección, para repetir la operación una y otra vez durante horas. Es la única manera de caminar en bosque cerrado sin accidentes geográficos distantes como referencia.

En la guía dice que en Ruca hay un domo para 8 personas… en su lugar encontré refugios piramidales hechos con palos, al estilo Selknam. En total creo haber cruzado 3 de estos refugios precarios pero pintorezcos.

Durante todo el recorrido se pasa por enormes lagunas desoladas, sin un ser humano, copadas por miles de aves que llevan una vida confiada y salvaje. En un momento sentí que la naturaleza entera se espantaba con mi llegada…

De pronto, tras caminar horas sobre bosque virgen, me topé con un rastro de civilización: un árbol cortado. Mirando con atención, seguí las marcas artificiales en los antiguos troncos llenos de musgo. Así llegué a una antiquísima huella vehicular, bloqueado por troncos caídos y tapada por el pasto alto… hasta pequeñas lengas habían crecido arriba del camino.

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Antiquísima huella vehicular

La Huella mejoró con las horas, aunque era impasable con vehículo por la ausencia de puentes y la presencia de troncos caídos. A medio camino se veía el Lago Yehuin, distante, en una de sus zonas casi inaccesibles. Finalmente, después de las 20 hs, vislumbré la ex – Estancia. Los galpones, algunos quemados, otros abandonados, y cerca de la tranquera estaba la residencia pintorezca de la familia con la concesión de la Reserva. Allí me estaban esperando…

Llegué a tiempo para la cena del 31 de Diciembre. Había caminado más de 40 kilómetros, así que estaba destruído… pero feliz de poder pasar año nuevo en familia, con unas cuantas anécdotas para compartir.

Conclusiones

El recorrido en su totalidad valió la pena. Fue mucho más difícil de lo que esperaba, principalmente por la falta de sendero y la dicotomía entre la guía turística y la realidad. No es un recorrido fácil: primero porque hay que aguantar muchos días la caminata, sumado el clima inhóspito; segundo porque es necesario tener conocimientos mínimos de orientación y navegación para no perderse.

Me habría gustado hacerlo sin tanto apuro, deteniendome a pescar un poco cada tanto y descansando mejor. Tal vez lo repita en el futuro… y de paso le daré una nueva oportunidad al paso Submarino.

Si alguno está interesado en realizar la travesía, pueden dejar sus mensajes abajo o escribirme por privado. Compartiré la información que necesiten.

Abajo dejo un video que edité con las primeras partes del recorrido. Espero que les guste.

Saludos y buenas caminatas.

 

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